La magia de Boston

8 de Noviembre del 2013
David Suárez, especial para Sambo

Cuando llegué a Boston, en un agradable vuelo de Copa Airlines con un stop en Panamá, la verdad es que no me esperaba lo que me encontré. Es una ciudad muy rica en historia, gente con un nivel cultural altísimo, de los más altos de los Estados Unidos. En sus calles resalta la gente bien vestida y que denota estar muy preocupada por su apariencia y hospitalidad.

Los bostonianos se preocupan mucho por su imagen y su físico. Hay gente haciendo deporte por toda la ciudad, corriendo, andando en bicicleta, caminando en los parques. Como la ciudad es tan bella se presta para hacer actividades al aire libre. Son gente muy peculiar, hablan un inglés diferente al resto del país y tienen un acento muy marcado. Se parece bastante al inglés de Inglaterra. Creo que es en donde mejor se habla inglés en EE.UU. En el río Charles navegaban decenas de pequeños veleros, ya que un filántropo dejó parte de su fortuna para que todos los que quisieran aprender a ‘velerear’ lo pudieran hacer por un solo dólar.

Boston está “unida” a Cambridge por el puente Longfellow, el cual es muy antiguo pero se mantiene totalmente funcional y además tiene una vista espectacular. Del lado de Cambridge se puede apreciar el perfil de Boston, que es muy interesante, y viceversa. Caminar por las calles de la ciudad es realmente un deleite. A pesar de su antigüedad todo está limpio, ordenado, con restaurantes por todos lados. Entonces, uno se puede detener un rato para tomarse un cafecito con un Boston creme pie o deleitarse con un delicioso New England Clam Chowder (crema de almejas de Nueva Inglaterra), o un riquísimo sándwich de langosta, muy típico. Boston es una ciudad para recorrerla a pie, en realidad es relativamente pequeña, se puede ir a muchos sitios y las distancias son relativamente cortas. Hay un excelente sistema de transporte público: buses, subterráneo (el más antiguo del país) y uno se traslada de un lugar a otro en cuestión de minutos. Yo en realidad no fui de turista, fui a hacerme un chequeo médico. Allí están algunos de los mejores centros hospitalarios de EE.UU. en asociación con instituciones venerables como la Universidad de Harvard. Pasear por su campus (es la universidad más antigua del país) es vigorizante al ver a cientos de estudiantes desplazándose a tomar sus clases. Soñamos que uno estudió ahí, aparte de que el lugar es de una belleza imponente, sus edificios rebosan momentos históricos del país... y está la estatua de John Harvard. Las leyendas dicen que no es el personaje de la estatua ni tampoco su fundador. Harvard posee la segunda biblioteca más grande del país después de la del Congreso. Caminar por Newbury Street (la Rodeo Drive de Boston) con todas sus boutiques, restaurantes, pubs, ir de compras o simplemente desplazarse es en sí una aventura, o transitar por Copley Square o Faneuil Hall. También todos debemos ir al North End de la ciudad a los restaurantes Italianos para disfrutar un capuccino y unos cannolis.

Una de las visitas obligadas es a la Biblioteca-Museo John F. Kennedy, con todas las emociones que esto implica. Uno vuelve a vivir la historia con momentos ligados no solo al país, sino a la magia imperecedera de Boston.
 

Galería: 
Tradiciones, verdor y modernidad. Panorámica del puente Longfellow.
La biblioteca y museo John F. Kennedy.
El clásico sándwich de langosta bostoniano.
El estadio Fenway Park, ‘hogar’ del equipo de béisbol Boston Red Sox, campeón mundial.
Tradiciones, verdor y modernidad. Panorámica del puente Longfellow.
La biblioteca y museo John F. Kennedy.
El clásico sándwich de langosta bostoniano.
El estadio Fenway Park, ‘hogar’ del equipo de béisbol Boston Red Sox, campeón mundial.
Tradiciones, verdor y modernidad. Panorámica del puente Longfellow.
La biblioteca y museo John F. Kennedy.
El clásico sándwich de langosta bostoniano.
El estadio Fenway Park, ‘hogar’ del equipo de béisbol Boston Red Sox, campeón mundial.
Cuando llegué a Boston, en un agradable vuelo de Copa Airlines con un stop en Panamá, la verdad es que no me esperaba lo que me encontré.