Accidente o incidentes
En un artículo anterior insistimos en los largos años que necesita el profesional para llegar a tener el título de chef. Es cierto que hasta los más grandes pueden equivocarse ocasionalmente, Ferrán Adrià dijo: “Durante mucho tiempo cometí errores que me sirvieron para llegar donde estoy”. Supongo que un chef no falla en una salsa cuando tiene que realizarla durante años.
Nosotros quienes cocinamos por afición estamos expuestos a muchos peligros. Hace poco no me di cuenta de que había abierto la perilla del gas para el horno. Al presionar el encendido provoqué una explosión de regular magnitud, pero sin mayores consecuencias. Mi abuela se quemó los brazos al usar su olla de presión. Nos sucedió a muchos echar con excesiva rapidez el aceite, utilizar ingredientes de temperatura diferente en una mayonesa, razón por la que se cortó.
Podemos fallar al no dosificar la temperatura para espesar una bearnesa. Un chef alemán perdió ambas manos por usar sin las debidas precauciones nitrógeno líquido en una receta de cocina molecular. Caídas, resbalones, cortaduras, rasguños, quemaduras, olvido de una olla en la hornilla mientras hablamos por teléfono, uso indebido de ciertos recipientes u objetos metálicos en el microondas son percances usuales sufridos por aficionados. Es frecuente el accidente con agua o aceite hirviendo.
Cuidado con los pisos resbalosos, pónganse zapatos de suelas antideslizantes. Es imprescindible cubrir los recipientes que van al microondas porque ciertos alimentos explosionan dentro del artefacto. No intenten hacer allí un huevo frito, la yema estalla en menos de 30 segundos si no la perforan.
En las escuelas de los chefs, los alumnos están aleccionados para evitar desastres pero nosotros somos frecuentemente autodidactos. Al investigar supe que el 23% de los accidentes domésticos ocurre en la cocina. Es la preparación de la comida la que más lesiones ocasiona (18%). No hablemos de asuntos prosaicos como pasarse de dosis en sal, pimienta, ajo, azúcar (me acaba de suceder en una crema catalana que salió demasiado empalagosa).
Cuidado con abrelatas que se resbalan, asaderas hirvientes, cervezas olvidadas en el congelador, bombonas de butano ubicadas cerca de la cocina, mantequilla o aceite que uno olvida en la sartén.
Para las manchas de vino en manteles o camisas blancas existen productos mágicos como Wine off que hacen desaparecer el problema en menos de un minuto. He visto una vez a una señora que intentaba abrir una lata de champiñones con un cuchillo: eso se llama provocar la suerte.
Si no logran abrir la tapa de rosca de un recipiente de cristal, pónganlo bocabajo en un poco de agua muy caliente. Usen guantes forrados para sacar del horno platos o barros. No olviden poner la tapa a su licuadora antes de ponerla en marcha... pues sí, a veces uno tiene la mente un poco ida. Si se produce un pequeño incendio por causa de cortocircuito o fuga de gas, no intenten apagarlo con agua.
¿Por qué admiramos a los chefs profesionales? Porque han logrado organizarse para evitar percances, conocen los secretos que permiten lograr platos y salsas sin mayor dificultad o apuro, porque después de terminar sus estudios van superándose cada día en la parte técnica sin perder el esencial amor a la profesión, porque les gusta inventar, crear, experimentar y se convierten en verdaderos artistas.
