
Una breve encuesta me hizo notar que la preferencia masculina se orienta hacia whisky, vodka a veces combinado con jugos, gaseosas. Las mujeres eligen piña colada, media de seda, Alexander, vino. Sin embargo, pueden todos optar por un espumante brut, seco, medianamente dulce. Existen botellas sudamericanas, francesas o alemanas a precios asequibles. Las grandes marcas de Francia dispararon sus tarifas. Recordemos que fuera de la región que lleva este mismo nombre, ningún producto puede llamarse champán. De Argentina, el Chandon seco o rosado es buena opción, aunque muchas marcas sudamericanas tienen aceptación. Entre tantas cito al paso Navarro Correas, Valdivieso, Bianchi, Luigi Bosca. De Francia, el Marquis de la Tour (toque de cereza); de Alemania, el muy comercial Henkell, pero para quienes gustan del delicado sabor a muscat, Epicuro recomienda Deseado de Schroeder (Patagonia): me impresionaron la extrema finura de sus burbujas, el ritmo apretado, duradero de las mismas. Es dulce sin ser empalagoso, puede servirse en fiestas, matrimonios, tomando en cuenta su relación calidad-precio. Por el precio de un Dom Pérignon pueden adquirir cerca de veinte botellas de aquel espumante. América Latina ha logrado notables productos. En noviembre del 2007, el Extra brut de Trapiche fue premiado en Francia entre los diez mejores espumantes del mundo. Concursaron 400 muestras viniendo de 24 países, incluyendo Francia.
Aquellas bebidas que nos proponen mientras esperamos nuestros pedidos dependen del gusto individual. Los aperitivos franceses como Dubonnet y Saint Raphael alcanzan precios que superan los treinta dólares, que tienen poca demanda. El Pernod (anisado que se sirve con agua) es el preferido de muchos franceses, pero no gusta en Ecuador. Es el sucesor del leyendario ajenjo (35 grados de alcohol) que bebieron Baudelaire, Verlaine, Van Gogh, Arthur Rimbaud. Los vinos de cosecha tardía (late harvest) son para los postres, pero combinan con canapés de roquefort, gorgonzola, danish blue, paté de fuagrás. Recomiendo los de Morandé, Montes, Santa Helena. Solo llegan en media botella y su precio oscila entre quince y veinte dólares. Epicuro prefiere beber una copa del vino que escogerá para el almuerzo o la cena; es la mejor manera de preparar el paladar. Muy buena opción propone Wine Bar: el Kir (crema de cassis con vino blanco o espumante). Wine Bar y Tinta Café, en Plaza Lagos, son lugares ideales para quienes no desean acudir a un restaurante, solo desean un piqueo selecto con su bebida predilecta.
La tradición del aperitivo viene de muy lejos. El hombre de la prehistoria masticaba una hierba amarga antes de hincar el diente en una pierna de jabalí. En Grecia subsiste el áspero vino de resina: prefiero un vino dulce de Samos o el Mavro Naoussis de la época de Aquiles. Los romanos bebían el Falerno cantado por Horacio y Petronio. Me resultó difícil conseguir unas botellas, pero recuerdo al beberlo el verso de Horacio, quien lo elaboraba en su finca hace dos mil años: “Nunc est bibendum” (Ya es hora de beber). En Roma también era popular el mulsum (vino con miel) o el aqua mulsa (hidromel usado en cocina).
Invitar a tomar el aperitivo es simpática costumbre. Siendo informal permite presentar bocaditos de todo tipo usando jamones, quesos, patés, aceitunas, atún, anchoa, espumas de atún, queso, espárragos o jamón. Es muy indicado en época de Navidad cuando llegan amigos o familiares. El aperitivo (apertura) tiene como finalidad excitar nuestro apetito. De pronto viene bien una caipiriña (aguardiente de caña + limón majado con azúcar y mucho hielo). ¡Bon appétit!
