
Pero díganme ustedes ¿conocen otra manera de saborear choclo tierno, manos gordas de cangrejos, empanadas? ¿No luce algo masoquista desmenuzar quirúrgicamente la carne tan sabrosa que se pega a los muslos de un pollo, de un pato? Unos restaurantes facilitan guantes de plástico para degustar las costillas en salsa de barbacuá. A veces, a la hora de los espaguetis, nos ponen un babero para que no nos salpiquemos con salsa de tomate. Es posible que sea algo complicado pero debemos descortezar camarones y langostinos con tenedor y cuchillo. Resulta rico comer papas fritas con los dedos ¿quién lo puede negar?
Los gringos usan las palabras finger food. Es evidente que muchos bocadillos, a la hora del aperitivo se prestan para este método. A la hora del sushi nada es tan agradable como atraparlos con los palitos. Mucho cuidado: acabo de leer que nunca se debe comer con palillos los tallarines en China porque evocaríamos bastoncitos de incienso en la tumba de un muerto. Leí también que dejarlos cruzados en el plato al final de la comida significaría una invitación romántica o sexual. La expresión chuparse los dedos suena apetitosa pero revela una mala educación. En ciertos restaurantes facilitan un bowl lleno de agua tibia con limón para lavarse la punta de los dedos, otros proponen prácticas servilletas calientes. En la Edad Media los invitados usaban el mantel para limpiarse las manos y eventualmente sonarse las narices. En Roma los plebeyos comían usando los cinco dedos mientras que los pelucones utilizaban tres, salvando el meñique y el anular. En África del Norte no solo se come con los dedos en forma individual, el cordero, el borrego asado, hasta el cuscús están en el centro de la mesa, todos los comensales lo comparten. En la India, unos dijeron que usar cubiertos en vez de las manos es como hacer el amor mediante un intérprete. Creo que podemos sacar como conclusión que hasta para comer con los dedos hay que seguir ciertas reglas. Siempre me pareció cómico eso de levantar el dedo meñique doblado a la hora del té o del café. No se debe confundir las buenas costumbres con aquel extremo atildamiento llamado preciosismo.
