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Caosborondón


Los primeros minutos del 2012 me asaltan con pistola a la cabeza: ¡este año se acaba el mundo! A todo lo largo del 2011 tuve que escuchar la misma cantaleta de boca de familia y amigos; de periódicos y revistas; de documentales en Nat Geo y entrevistas en Discovery Channel. Personalmente, las profecías mayas me hacen acuerdo al cine Maya: gigantes por fuera, apagadas por dentro. Existieron en siglos pasados, hoy no aplican.

Pienso que las tentativas de destrucción del 2012 no deberían ser tan místicas. Para quienes vivimos acá en Samborondón, el caos llega a la fiesta cada año, sin invitación y un poquito más temprano. Estamos acostumbrándonos a vivir dentro de una espiral de tráfico, calor, amontonamiento y confusión que, dentro de poco, auguro se parecerá a los dibujos apocalípticos que acompañan a aquellos milenarios anuncios de hecatombes mundiales.

• El parqueo en el centro comercial. Acabo de ver a una mujer dándole de golpes a un hombre-víctima por supuestamente arrebatarle el espacio de parqueo por puesta de mano. O en este caso, puesta de llanta.

•  La vuelta en cada semáforo de la vía. El tiempo que me toma todo el viaje hacia el colegio de mis hijos es menor que el tiempo que me toma únicamente dar la vuelta en el semáforo. Señores padres de familia: ustedes saben de cuál infame hablo.

•  Los sabidos que se cruzan delante de los carros que están en la fila para dar la vuelta en el semáforo. Son una etnia exclusiva de estas latitudes. Desgraciadamente, no están en peligro de extinción.

• McDonald’s el domingo a la salida de misa. Me recuerda cuando, de niño, salíamos de la iglesia redonda a comer al Burger King. La diferencia era que eso parecía una fiesta, aquí el kilómetro de individuos en desesperada marcha hacia la ventanilla de pedido parece una fila de hambrientos camino al exterminio.

• La misa. Si no vas a rezar, no te recomiendo aproximarte por el perímetro de la iglesia durante los minutos previos a misa: es un apocalipsis. Obligatorio para evángelicos, mormones, testigos y ateos: aprendan los horarios.

• Las películas de estreno en Supercines. Otra memoria: la fila para entrar el primer día de Tiburón 3 en tercera dimensión en los Policines. La gente tumbó pasamanos y se abalanzó contra las puertas. Ahora tenemos un sinfín de salas de todo tipo, luces psicodélicas en el baño y dos salsas para los nachos, pero seguimos amontonados en el estreno y –¿se han fijado?– personajes que corren por los pasillos, empujando mujeres y niños para alcanzar el puesto central, tercera fila desde arriba.

•  El agua. ¿A ustedes también les cortan el servicio pasando una semana? ¿Justamente el sábado y domingo, cuando todo el mundo está en casa? ¿A las horas del desayuno, almuerzo, baño, familia? Los que tienen plata, a llenar la tina con Dasani. El resto arme el club de los vecinos con cisterna.

Envíen sus observaciones sobre Caosborondón al mail y si llego al deadline mensual con varias que valgan la pena, las publico. Y por si las moscas, ¡que el próximo 31 de diciembre no los agarre en el mall!
 

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