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El arte por acá (II)


En la columna del mes pasado, presenté un tema muy concreto: muchos de los que habitamos en Samborondón cruzamos el puente hacia la ciudad para participar de actividades culturales, políticas, sociales.  Al final del día, volvemos a nuestra parsimoniosa rutina de consumo. ¿Hay manera de darle la vuelta a este fenómeno? ¿Existe la posibilidad de que en nuestro territorio esté cocinándose ya una red de gestores, artistas, promotores y activistas que puedan echarle gasolina a los motores de nuestro pausado deambular por cines, tiendas y cafeterías? Vamos por partes:
Las primeras propuestas concretas que aparecieron para promover el arte en Samborondón han logrado superar la prueba del tiempo y se mantienen como claro referente de que acá hay bastante pared para colgar. La Galería de Patricia Meier y No-Mínimo aumentan con cada expo su base de fans y clientes, presentando arte contemporáneo, sin compromisos, que en muchas ocasiones –no siempre– consigue su objetivo: desafiar, atraer y sorprender.
Otro importantísimo resultado es la valiosa interacción que causa. No es lo mismo un grupo de amigos comiendo shawarma que un grupo de amigos consumiendo arte: en un espacio para ideas, fluyen las ideas.

Como anticipando un efecto dominó, otras manifestaciones culturales empiezan a surgir: conciertos semanales en espacios como Old School Pub y Bierjaus, casi arrebatándole a Las Peñas la antorcha del rock local; Proyecciones de cine europeo en la Alianza Francesa así como ópera y ballet en Supercines; diseñadores independientes abriendo sus pequeños espacios entre las calles y avenidas de las ciudadelas del sector y finalmente, un monstruo –por el tamaño, ojo– de teatro que ofrece inauguración para el 2012. Esperamos ansiosos su propuesta anual de actividades.

Si los espacios comerciales están siendo reclamados por creadores y propulsores de la cultura, hay un último reducto que tiene bastante avenida por recorrer: la calle. El mural realizado por el movimiento Litro x Mate (frente a La Parrilla del Ñato) ha sido la primera muestra de un arte callejero sin compromisos económicos –aunque sí políticos– que vemos por nuestro sector. Irónicamente, la propuesta nació en Guayaquil.

¿Será que esta actividad anticipa un Samborondón  donde los habitantes nos volcaremos a las calles para expresarnos? Según Rodolfo Kronfle –curador de arte y habitante de la zona– “una golondrina no hace verano, un mural tampoco. Litro x Mate tiene sentido en Guayaquil, en Samborondón a todo el mundo le gusta porque luce cool... pero el espíritu contestatario que encierra la propuesta no se activa acá, queda como gesto estético únicamente”.
Si es así, entonces hemos llegado al límite de nuestra capacidad de expresión. Difícilmente existirá nada más allá de lo políticamente correcto dentro de una comunidad sin conflictos y que actúa de una manera decididamente predecible.
Esperanza siempre habrá: el próximo brochazo está en nuestras manos.

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