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El arte por acá (I)


Casa. Tienda. Café. Tienda. Café. Restaurante. Tienda. Tienda. Tienda. Cine. Café. Casa. Si esta rutina te suena conocida, no es pura coincidencia. Acá en Samborondón, ese circuito es parte de la rutina diaria. ¿Light? Sí, puede ser. Pero tampoco es que se necesita que todos los seres humanos seamos salvadores del Universo. ¿O sí?

Mientras hacemos colas para ver Los pitufos en sala vip, la ciudad está metida en otros rollos.

El centro de Guayaquil es un zombie rumiante. A años luz de convertirse en la zona vibrante que tanto tiempo hemos esperado, es un clarísimo ejemplo de que la regeneración física se queda corta cuando no va de la mano de una regeneración cultural. Zona Rosa, peñas, museos: todo out.

Urdesa –últimamente enarbolando la bandera de lo cool– empieza a tomarse la fachada de barrio vintage, casa de nuevas propuestas tanto desde el mundo gastronómico como de la moda y el arte. La muestra Inmundicipio, una crítica grupal a las instituciones locales en forma de exhibición de arte que alcanzó récords de asistencia y debió abrir varios días más de lo planificado, fue la gota que derramó el vaso. Conozco de varios emprendimientos culturales que se están cocinando por la zona y se lanzarán en pocos días.

Como artistas/gestores, el discurso de la gente de Inmundicipio es clarísimo: no necesitamos de instituciones para contar nuestra historia. No es cuento nuevo tampoco –en Nueva York, fanáticos del arte montan exhibiciones abiertas al público en sus propias habitaciones– pero dentro del contexto local, donde le pedimos permiso a un pie para mover el otro, es emocionante leer en la primera página del diario que un puñado de chicos hicieron vaca para conseguir una casa abandonada y repletarla con miles de personas.

Incluso la Kennedy, tradicional barrio que hace mucho tiempo desapareció del radar cultural, ha levantado de la mano de su inquebrantable inquilino Sarao quienes, reinventándose como centro cultural, acogen ahora desde obras de teatro hasta minifestivales de nuevas bandas de indie rock. La última presentación a la que asistí fue casa llena.

Cruzando el puente de regreso, ¿qué estamos haciendo por acá? Conozco a muchos residentes de Samborondón involucrados en las actividades que he descrito. Cruzan el río para compartir, discutir, observar, reclamar.

Allá se paran a hacer arte, acá se sientan a tomar café. ¿Será que nos asumimos como extraños en nuestra propia casa, aferrándonos a estas iniciativas como vehículos de escape que nos permitan salir del encierro en que nos tienen nuestros convencionalismos sociales? Hablé con algunos locales sobre el tema. Pero eso queda para el próximo mes.

 

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