A última hora.
Existen maneras de hacer las cosas bien, pero generalmente lo que nos gusta es hacerlas como queremos y al final tratamos de enmendarnos y fallamos. A continuación ejemplos varios que he vivido desde pequeña:
Comemos todo lo que queremos y no hacemos nada de ejercicio, de pronto nos invitan a un matrimonio y entramos en pánico, no sabemos por qué no nos entra la ropa. Ejemplo de esto es mi papá. Siempre fue gordito, no en vano le decían bototo. Mi mamá se mataba haciéndole cuanta dieta se puso de moda: la scardale, la de los sánduches, la de las frutas, en fin. Lo único que funcionaba para que se adelgace era cuando llegaba la invitación a un matri y le tocaba meter la panza dentro de su esmoquin. Eran quince días de dieta a rajatabla y lo lograba. Resultado, gran borrachera el día del evento ya que el primer whisky caía en un estómago desnutrido y mi madre, como es obvio, se ponía furiosa.
Otro ejemplo recurrente tiene que ver con los estudios. Me encantaba ser vagoneta en secundaria. En clase a ratos paraba bola, otras me ponía a copiar deberes que debían entregarse en la siguiente hora y en muchas ocasiones me dedicaba a escribir o dibujar. Lo cierto es que mi libreta estaba llena de rojos, por ende yo castigada y a final de año el pataleo para no quedarme en supletorios. ¿Qué tocaba hacer? Para los exámenes finales estudiar como condenada. ¿Cómo te metes el material de 9 meses en una tarde? Es casi imposible, y si te ocurre el milagrito y logras copiar, la verdad de la verdad es que te encuentras al año siguiente con tantos vacíos que es imposible hilar la materia, y aunque logres burlar la secundaria y aprobarla de esta forma, ¿qué haces cuando a los 37 años te das cuenta de que no sabes qué mismo pasó en la Primera Guerra Mundial o que no tienes idea de qué se trató el Velasquismo o la Revolución Liberal?
Si hablamos de organización ocurre exactamente lo mismo. Habemos quienes detestamos andar archivando y “perder el tiempo” poniendo todo en alguna estructura lógica. ¿Para qué voy a organizar mis facturas, si para eso le pago al contador? Y tener todo dividido entre: cajón de la ofi, gaveta del clóset, secreta del carro y el compartimento escondido de la cartera. Sucede pues, finalmente, que el contador lo llama a uno para que ya le mande los documentos y uno de estos cuatro sitios se te olvida y no te cuadra el balance a fin de año (…), ¿les suena o no familiar?
Con todo esto ya ampliamente explicado, no sería lógico tratar de ser un poquito mejor ser humano durante el año entero, no echar tanta grosería por la boca en contra del resto, preocuparse un poquito por los demás y no tratar de reivindicarnos únicamente en Navidad con la excusa de creer que Dios no nos va a perdonar ¿?
