El mejor amante
Para otras, el amante ideal es el que se fija en qué te gusta, cómo te gusta, cuándo te gusta, con qué música, con qué luz, con qué ropa, con qué comida previa o posterior.
Se dice que un gran amante es el que no habla mucho, no aburre, no empalaga, llega y se dedica a lo suyo, no se lo siente al irse, simplemente cumple con el cometido.
Existe el amante que lo logra sin siquiera tenerte, es el que te quita el sueño, al que miras de lejos y giras tu vida tratando de tenerlo. No te satisface, pero te llena tanto de expectativas que ocupa tu día, tu energía, tu pensamiento y tu razón.
Hay el amante que estimula tu cerebro de tal manera que todo pasa a un segundo plano, conversar con él te alegra tanto que no necesitas más, el más que darte cariño, te da razón y eso a las mujeres nos entusiasma de manera absurda.
Está el amante ochentero que cree que con ponerte a Julio Iglesias y vestirse como tal ya te tiene. En mi caso, lo detesto, pero hay hartas que siguen cayendo por el estereotipo pelo en pecho, cadena de oro, carro caro, billetera aparentemente cómoda, trabajo a costa del padre, cero logro personal, repetitivo y autocomplaciente en la cama.
No hay que olvidarse del amante que estremece porque cumple con todos los argumentos negativos que una mujer puede encontrar, pero igual nos deja tontas, el bohemio, pelo malcortado, que vive metido en problemas y uno busca cómo salvarlo, porque lo merece, porque por mí va a cambiar, porque conmigo va a ser diferente, ¿por qué será que nos cuesta años entender que nunca va a pasar?
Y el mejor, verídicamente el mejor amante, es con el que eres tú y no esperas nada más, al que no le importa si estás fea ese día, el que se ríe de ti contigo y deja que te burles de él. El que te da la última papa frita, el que sabe escoger un buen vino, pero se contenta con una cerveza. El que te deja ser en tu carrera y no busca cómo hacerte sentir culpable por tus horarios, sino que te da fuerza cuando la cosa está jodida. El mejor amante es el que sabe que te tiene pero que se fija siempre adónde vas esperando que regreses. Entiende que su madre no es fácil y se aguanta a la tuya. Ese mejor amante es el que uno se pasa la vida buscando; es el mejor porque es el que uno quiere que se quede.
