Ella pasó las páginas y se topó con un huequito de diez a diez y quince el día jueves de la siguiente semana, enseguida tomó el borrador del lápiz y como por arte de magia nos consiguió unos 40 minutos más. –¡Ya está!– Me quedé mirándola asombrada por su destreza en el manejo del tiempo y sentí envidia. El día llegó y recibí un mensaje de texto firmado por ella que lamentaba su retraso y que mejor lo dejáramos para la semana siguiente.
El síndrome de la agenda es una enfermedad que ataca a casi todos, se presenta como una fantasía en la que el enfermo cree que es Superman y controla todo lo que sucede en su día a día. Entre los síntomas están:
Pérdida de la noción de espacio El paciente empieza a escribir sobre cada línea una tarea sin dejar minutos entre ellas. Aquí el problema es que imagina la presencia de una puerta dimensional que se abre sin pérdida de tiempo y lo transporta desde el lugar en que está al que desea estar.
Pérdida de la noción del tiempo Usualmente ocurre en aquellos pacientes que aplican los “5 minutitos” como respuesta a la pregunta, ¿en qué tiempo llegas?
Fenómeno puente El enfermo no puede pronunciar otra cosa que “por el puente” cuando alguien que lo está esperando le pregunta: ¿Y por dónde vas? Nunca especifican si el puente es el de la Unidad Nacional o el paso a desnivel del Albán Borja.
El día no termina Algo muy peligroso les sucede a los que acostumbran empezar su jornada a las 05:00 y deciden no dormir porque muy pronto se deben levantar, empiezan a odiar su agenda y llenarla de dibujitos extraños que se repiten en cada espacio de su exigente rutina.
Las horas no alcanzan Ocurre en aquellas agendas que reparten el día en ocho horas. Esto provoca una sensación de carencia de tiempo, cada línea solo alcanza para escribir un asunto y finalmente la llamada para sacar la cita con el médico termina por ser más larga que la propia cita.
Es alarmante que desde el inicio al decir a las tres, en nuestra mente visualicemos un tres y veinte; o que al quedar en la próxima semana tengamos un “tal vez no suceda”. A pesar de todo la buena noticia es que a nuestra ciudad lleguen con retraso eventos puntuales que suceden en otras partes del mundo.
Ya se acerca el fin de año y seguramente voy a recibir una agenda, que va a terminar llena de anotaciones que voy recopilando a diario como la mayoría de cosas escritas en esta columna.
