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Nada es casualidad

En las vacaciones de carnaval tuve la suerte de visitar San José, a una hora de Puerto López. A pesar de haber visitado en otras ocasionas la costa ecuatoriana, esta fue la primera vez después de mucho tiempo que sentí la obligación de darme un baño de agua salada. Algo había en la casa de playa porque todos los huéspedes parecíamos poseídos por una actitud de optimismo. Al principio le atribuí esta tranquilidad al sonido de las olas, luego pensé que eran los amplios ventanales con vista al mar. Al tercer día descubrí aquel ingrediente mágico: los espejos nos hacían ver más delgados.

A diferencia de aquellos, a diario nos reflejamos en espejos fatalistas. Parece que hay un acuerdo sutil entre medios y miedos. Noticias tóxicas y estadísticas no biodegradables contaminan la atmósfera que rodea el tema ecológico. Solo el año pasado nos dispararon dos documentales sobre calentamiento global y algunos filmes que indican la próxima venida del fin del mundo con un ingrediente común: presentan al ser humano como exterminador. Y claro después de convencernos de que la hemos embarrado, nos salen con medidas ecológicas para preservar algo que ya no tiene remedio. Es muy poco lo que hacemos porque nos han hecho creer que ya de nada sirve. El tono de la comunicación fomenta lo contrario de lo que predica. Sin esperanza se aplica aquella frase popular “muerto por mil, muerto por diez mil”.

Además del baño salado, me animé a visitar algunos rincones de la Ruta Spondylus. Detengo el auto en Salango ante un letrero de antigüedades que se ve sobre una villa de caña. Su propietario es Pedro Pin, quien sonríe al mostrarme una lámpara de bronce con tres tulipas de cristal mientras sostiene en brazos a su hijo pequeño. Algo en su cara me da tranquilidad y me dice que no todo está perdido. Al final me llevo la lámpara y me creo la historia que Pedro cuenta. De regreso a casa le devuelvo el brillo al bronce y algo de brillo a nuestro futuro después de escuchar a Salma Hayek en la versión al español del documental Home que se estrenó el año pasado: No hay tiempo para ser pesimistas. Lo importante no es lo que hemos perdido sino lo que nos queda. Home se puede ver en Youtube y al final de verlo el espectador sale pensando que todavía se puede hacer algo. Todo cuenta.

Mientras termino este párrafo noto que la base de la mesa es una máquina de coser antigua, descubro que una hilera de trastes con focos de luz empotrados ilumina el techo de la cocina, objetos como planchas, máquinas de escribir y cámaras fotográficas llenan los nichos de la escalera y al final una chacana andina me saluda. No es casualidad que haya escrito de ecología, algo en el ambiente me lo insinuó desde el primer día. Nada es casualidad.

 

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