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Sofi de cuatro patas

Hace poco conocí a Sofi, ella tiene 5 años y se desenvuelve sola, es cariñosa, educada, sabe comunicar sus necesidades, tiene sus preferencias y siempre está feliz, a excepción del terror que siente cada vez que se acerca el momento de bañarse. Periódicamente revisan su crecimiento, su estado de salud y su peso. Me contaron que cuando cumplió 4 años fue Simón, su vecinito, a visitarla. En la mañana estuvo de compras y se encontró con algunos amigos a su paso. Ese día estaba más contenta que nunca porque probaría un poco de su golosina preferida: un pedazo de carne seca procesada. Sofi es un schnauzer gris que duerme en su camita azul, y anda por los pasillos jugueteando con un chanchito de peluche. Sus dueños hablan de ella como si se tratara de una niña.

Hay que considerar que adoptar un perro no es igual que comprar una licuadora o reemplazar la batería del carro, sino recibir a un nuevo integrante de la familia. Una reflexión previa puede evitar que se convierta en un prisionero de la casa y tratado como un criminal que enciende la alerta roja cada vez que logra escapar del rincón donde se lo ha confinado, porque quiere recibir un poco de afecto. Ni hablar de aquellos que están expuestos al contacto de niños pequeños que los miran como si fueran conejitos Eveready y manipulan como si estuvieran hechos de hule.

Aunque Sofi vive en otro país donde su realidad es lo ordinario, en nuestra ciudad ha ido creciendo la preocupación canina. Salí a recorrer tiendas de mascotas en Guayaquil y descubrí todo un mundo de vestimentas con marcas que suenan a grandes diseñadores como Max a Million o American dog Outfitters. Accesorios, zapatos, correas, mobiliario y diferentes marcas de champú que nos hablan de un mercado cada vez más exigente. Luego, en las veterinarias conocí a través de anuncios publicados en las vidrieras a Lenon, un simpático schnauzer que busca novia, debajo el texto en el que ofrece una inolvidable cita romántica a su media naranja; Khoyi Cabuto, un chihuahua que nunca ha tenido novia y busca urgentemente una “compañera para su corazoncito”; Gussie, otro schnauzer que aparece posando con un letrero que dice: “Te estoy esperando”.

A pesar de que exigen un costo de manutención, tiempo y limitaciones en el estilo de vida, los beneficios que sus dueños reciben a cambio dejan un saldo positivo. Motivado por ello en Australia, en los años ochenta, se crea el labradoodle como producto del cruce entre un labrador retriever y un poodle estándar, que satisface la necesidad de un guía para una persona con discapacidad visual, pero a diferencia del labrador tradicional es hipoalergénico.

Es condición básica en un entorno civilizado ser respetuoso con toda forma viviente y para concluir, una frase del premio Nobel en 1921, escritor francés, Anatole France: “Hasta que no hayas amado a un animal, parte de tu alma estará dormida. Cuanto más culta y democrática sea una sociedad, menos cruel será con los seres vivos”.

 

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